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Dos versículos para 2022

  • Foto del escritor: Heiner Espinoza
    Heiner Espinoza
  • 12 ene 2022
  • 6 Min. de lectura

Me revelo contra esta manipulación de masas y denuncio el adoctrinamiento mediático y sistemático.




¡Vaya 2021! ¿Quién nos lo iba a decir un 31 de diciembre de 2020? Otro de los años más duros de nuestra reciente historia. Todos hemos sido puestos a prueba de muchas formas.

Creo que no es tan negativo que la denominada generación de cristal haya enfrentado una pandemia. Las generaciones pasadas, las del siglo XX, son hijas de las grandes guerras, mundiales y civiles. Han tenido que soportar dictaduras, escasez económica, terrorismo nacional o religioso, guerra fría...

Las nuevas generaciones serán hijas de las crisis por las pandemias. Para ellos los confinamientos, las mascarillas, las vacunas, las compras online o las reuniones por Zoom serán tan normales como en su día lo fue para nuestros abuelos el NODO, las cartillas de racionamiento, el Plan Marshall o las compras a plazos.

Quizás la gran diferencia entre los siglos pasados y el presente es la velocidad de los cambios. Todo cambia tan rápido y hay tal avalancha de nuevas noticias (buenas y malas), de informaciones (falsas y veraces), de descubrimientos, novedades e innovaciones, que uno se parece al bisabuelo. O se siente como la bisabuela. Esos abuelos que sonríen en medio de una reunión familiar, escuchando a todos, aunque sin entender bien a ninguno. Sin embargo... ¡Ahí están los bisabuelos!

Innegablemente son parte de la familia, pero muchas cosas de la familia ya no son parte de ellos. Ellos solo miran la hora en sus relojes, porque el tiempo sí que es algo que dominan; es algo previsible. Intentan disfrutar la comida; comprueban que sus hijos y nietos están bien; y sienten, en el fondo, que ya están de salida; que los protagonistas son otros; que la muerte, cuando los llame, hará justicia, dejando a los que entienden este mundo aquí y llevándose a los que ya son de otro mundo.

Lo paradójico del tiempo actual es que esa sensación de no entender muy bien lo que está pasando y de no ser de esta época es un síntoma generalizado, en lugar de reservado a los mayores. Porque a este tiempo le gusta confundir; se escurre entre las neuronas; se resiste a todo análisis; y se deja desconocer más que comprender.


¡Qué mundo el nuestro! Ya es normal que Star-Lord seabisexual y sufra de poliamor; y que un hombre trans se haya quedado embarazade (la ‘e’ no es un error gramatical sino puesta para no ofender con el género), se ha quedado en estado de su mujer trans. Un joven se ha implantado aletas en la cabeza y se confiesa transespecie, y no es el único. La mejor serie de la tele, Sucesor Designado, llena de valores nobles y deseables, finalizó su tercera temporada en Netflix y promoviendo el alcoholismo, y presumiendo de escenas de cama entre dos hombres (menos mal que dejan la sábana sobre los cuerpos) y todos los protagonistas son modernamente transgresores... El cambio en la serie es tan brusco y obsceno que me atrevo a decir cuál es la dirección oficial de Netflix, por si queremos escribir alguna reclamación: el Averno.

¡Qué locura todo! ... Abortar es bueno. Tener hijos, irresponsable. Las mascotas serán nuestros herederos... Hay conciertos para perros. La eutanasia es progreso. Si nos invaden las mafias de inmigración ilegal, cállate y sonríe. De lo contrario eres de ultraderecha. Si los jóvenes abandonan el país por falta de empleo, ya volverán... Esto es solo un problema de la globalización... Las pensiones están aseguradas. El gobierno nos cuidará a todos...

¿Qué quieres que te diga? ¡Qué mundo tan decepcionante! Me revelo contra esta manipulación de masas y denuncio el adoctrinamiento mediático y sistemático. Me declaro trans: transmundial; transgregario; trans-políticamente-correcto...

Y llegados al 2022 quiero hallar refugio en dos textos de la Palabra de Dios: Romanos 15:4 y 1 Timoteo 6:12.

El primer versículo es 1 Timoteo 6:12.

“Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna a la cual fuiste llamado, y de la que hiciste buena profesión en presencia de muchos testigos”.

Estarás de acuerdo conmigo en que 2021 ha sido un año de guerra. En todos los frentes: sanitario, familiar, económico, ideológico, eclesial, mental, político, laboral... No hay área que no se haya visto atacada.

Pues bien, en 2022 la batalla continúa. Es el segundo round. Es la segunda batalla de una misma guerra. Solo que ahora, por lo menos, lo sabemos de antemano y entendemos mejor cómo pelear.


Pablo lo resume así: "echa mano de la vida eterna".

‘Echar mano’ es el verbo epilambanomai. Significa tomar algo agresivamente. Con resolución. Muy enfocado.

“¡Soldado!”, dice Pablo a Timoteo, “¡la guerra continúa y debes pelear con enfoque y resolución!". "¿Qué debo hacer, coronel?”, responde Timoteo. Y Pablo le dice: Epilambanomaizóé aiónios. Esto es, “echa mano de la vida eterna”; o bien, toma agresivamente y con determinación la vida del Cielo y vívela en la Tierra.

Zóé no es vida biológica. Es la vida de Cristo. Es la vida espiritual. Jesús es el camino, la verdad y la Zóé, vida.

Aiónios quiere decir eterna. Es decir, del ámbito de lo eterno, del Cielo, del reino de Dios.

Timoteo debía echar mano de la Zóé aiónios. Pero ¿qué es Zóé aiónios? El evangelio de Juan lo explica. La vida que estaba desde el principio en Dios y con Dios, porque era Dios; la vida que crea todas las cosas; la vida que es la luz de todos los hombres; que vino a este mundo para alumbrar a todos; y para que los que tenían vida biológica, tuvieran también vida de Dios, vida zóé (Juan 1:1-14).

Pablo le está diciendo a Timoteo: La batalla va a ser fuerte, hijo mío. Con persecución, cárceles, traiciones, mucho trabajo y batallas de fe... Por lo tanto, echa mano de la plenitud de Cristo. Aférrate agresivamente a todo lo que Cristo Jesús ya ha ganado para nosotros. No dependas de nada de aquí abajo. Toma la gracia que hay en Cristo, en la que hay provisión de paz, de salud, de gozo, de autoridad, de sabiduría, de poder, de valentía...

No tengas en poco tu zóé aiónios. Porque es la misma vida de Dios. Una vida indestructible, inmortal, más que vencedora, eterna, creadora, hegemónica... ¡Esa es la vida que has recibido! ¡Aférrate a ella!

Hagamos nuestro el consejo de Pablo a Timoteo. Es el Señor el que nos dice: “¡Pelea la buena batalla y echa mano de la vida eterna que tienes en Cristo!”.

Hermano, hermana, estamos en una batalla llamada 2021. Tus armas no pueden quedarse en el guardarropa. Tus armas no son decorativas. No son para un desfile de veteranos de guerra, cada domingo por la mañana. ¡Vístete con tus armas de guerra! Echa mano de la vida de Dios. La vida eterna. La plenitud de Cristo.

En el 2021 habrá tinieblas cubriendo la Tierra. Apodérate de la vida que te ha sido dada en Cristo Jesús. En él está la luz para vivir cada día. La luz que vence a las tinieblas.

SUMERJÁMONOS EN LAS ESCRITURAS:

Y el otro versículos este: “Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza”. Romanos 15:4.

Sumerjámonos diariamente en la paciencia y el consuelo de las Escrituras. Como si fuese un baño de sales que nos prescribe el médico; y que darlo o no es cuestión de vida o muerte. Sumerjámonos y quedémonos en esas aguas de las Escrituras un buen tiempo. Solo así mantendremos saludable nuestra esperanza. Nada más sostendrá nuestro buen ánimo.

Dios se tomó la molestia de que quedasen escritos sus hechos y dichos. Nuestro Padre, bueno y fiel, llevó a cabo un despliegue de recursos terrenales y celestiales para legarnos la Palabra de Dios. ¿Con qué propósito? Huponomé, paraklésis y elpis: que tengamos paciencia, consuelo y esperanza.

Cuando, cada día, nos deleitamos en la Palabra; la leemos; la subrayamos; meditamos en ella; la bebemos; la respiramos; nos refugiamos en ella; la honramos; el Espíritu Santo produce en nuestra vida la fortaleza que necesitamos para resistir en el tiempo malo.

Este versículo fue escrito para una iglesia en Roma (capital del Imperio perseguidor) y en el primer siglo (donde ser cristiano era solo para valientes). ¿Qué les recomienda el apóstol? Que tomen el regalo que Dios les hizo: “todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió".

Toma en tus manos tu ejemplar de las Escrituras, bésalo, levanta tu vista el Cielo y di: ¡Gracias, Padre! Y repítetelo: este libro se escribió para mí; es un regalo para mí; y es todo lo que necesito para tener esperanza.

Por cierto, huponomé no solo es paciencia, sino también perseverancia. ¿Cuántos hijos de Dios han caido en este tiempo de pandemia? Muchos. Caen en pecado, en desánimo, en tristeza, en temor, en dejar de congregarse o en tibieza... ¿Por qué? Porque si estás en Siberia no vas en camiseta. A no ser que seas Antorcha Humana. Para los seriéfilos lo diré así: Jon Nieve no viste igual en el Muro que en Desembarco del Rey. Ante las temperaturas gélidas de este invierno espiritual debemos cubrirnos con los abrigos del Cordero: la paciencia de Cristo y la perseverancia de las Escrituras.

Además de huponomé, una buena dosis diaria de Biblia nos da paraklésis. Paraklésises consolación, exhortación, ayuda, estímulo, edificación, y mucho más... ¿No hallamos todo esto en la lectura de la Biblia?

Parákleto es uno de los nombres del Espíritu Santo. Cada vez que abro el libro del Espíritu y me siento ante sus páginas, unos vapores medicinales impregnan mi ser (mi mente y corazón) proveyéndome consuelo, ánimo, consejo, paz, claridad de pensamiento, respiro y gozo.



Fuente: Evangelio Digital


 
 
 

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